Entre papeles y manuscritos: Reflexiones en torno a la crítica textual

Por Angélica Mogollón

El libro ha sido una pieza fundamental en la transmisión de la historia a través del tiempo, pieza que ha servido para su preservación y recuperación, ya que por medio de éste se da cuenta de sucesos del pasado y a su vez se genera un acercamiento directo con estos en la actualidad. Es necesario tener en cuenta que con libro no sólo se hace referencia al impreso sino también al libro medieval elaborado en pergamino o papel, pues “aún cuando en la Edad Media no existía la imprenta se desarrollo en los scriptoria conventuales, universitarios y regios auténticos talleres de fabricación del libro que sirvieron para difundir por toda Europa la cultura antigua y moderna” Blecua (1983, p. 159).

A través del tiempo, han surgido diferentes disciplinas filológicas que tienen como principal interés el estudio del libro y más concretamente del texto; La crítica textual es una de estas pues es “la ciencia que tiene como objetivo procurarnos un texto que refleje el estadio más cercano posible al texto original (si lo hubo) que saliera de manos de su autor o de su secretario, o retrotraernos al menos cuanto sea posible hacia la reconstrucción del (o de los) arquetipo(s), fuente directa de la tradición” Guzmán (1860, p. 41). Por lo tanto, la crítica del texto se constituye a partir de una perspectiva triple, pues contempla la historia de la tradición del texto, su autenticidad y la crítica interna que haría referencia al estudio sobre el texto atendiendo a su veracidad y genuinidad.

Cuando se habla de crítica textual es inevitable la alusión al método de las faltas comunes desarrollado por Lachmann el cual fue fundamental para la edición crítica ya que sus aportaciones fueron “sumamente valiosas a la crítica, transmisión e historia de !os textos” Guzmán (1860, p. 43), básicamente este método se funda a partir de tres reglas:

a. EI acuerdo de dos o más manuscritos en una misma falta (como el de dos testigos que se ponen de acuerdo para decir la misma mentira) es prueba de su parentesco.

b. A efectos de establecer relaciones de parentesco, sólo serán válidos aquellos errores o faltas que difícilmente hayan podido surgir de forma independiente en más de un códice (es lo que se llama errores relevantes o significativos).

c. EI manuscrito copia (hijo) será aquel que contenga todos los errores del padre, más algún nuevo error que el propio copista haya podido introducir. Guzmán (1860, p. 43)

Sin duda, el método ha generado varias discusiones y polémicas dentro de la disciplina pero sería arbitrario omitir que también ha trazado un sólido camino para la crítica textual y aún en la actualidad es el soporte para la realización de muchas ediciones críticas. La crítica textual se encarga de reconstruir y “restituir un texto suprimiendo los deterioros y adherencias espúreas que sufrió con el paso de los años y lograr en la medida de lo posible la prístina pureza con que salió de las manos de su autor” Morocho (2003, p. 4). Es decir, la encargada de la reconstrucción del arquetipo. Por lo tanto el trabajo del editor se centra en “hacer una somera consideración cronológica que nos permita ordenar los manuscritos según la descripción externa de los mismos (atendiendo para ello al tipo de letras, tamaño, estado de conservación, etc.)” Guzmán (1860, p. 43) y a su vez debe realizar una descripción interna, que nos conducirá a una ordenación ya más meditada.

De este modo, el trabajo del editor se divide en dos partes fundamentales, la recensio que sería ese “trabajo previo a toda edición crítica” Morocho (2003, p. 92). y la emendatio que “consiste en corregir el texto, corrección que puede ejercitarse tanto sobre los errores paleográficos como sobre los pasajes evidentemente deteriorados” Morocho (2003, p. 92).

La paleografía sería una disciplina fundamental para la crítica textual principalmente en la recensio ya que es la disciplina que se encarga del estudio de la escritura a mano que no sólo considera aspectos diacrónicos y sincrónicos, sino también tiene “el objetivo crítico de datar en el espacio y tiempo, los manuscritos de otras épocas y facilitar su filiación dentro de la tradición manuscrita de determinado texto y, en su caso cooperar en la crítica filológica del mismo” Canelas (1985, p. 23).

Como se menciono anteriormente, la paleografía se encarga del estudio de escrituras realizadas con signos del abecedario latino, y de acuerdo con “la tradición paleográfica de textos literarios hispanos en romance se inicia con los sistemas paleográficos góticos y se continua con los humanísticos” Canelas (1985: 51). En este orden de ideas, los tipos góticos “ofrecen en España en este campo codicológico literario cuatro modalidades denominadas, textual, notular, cursiva e híbrida” Canelas (1985, p. 51).

“El tipo textual se caracteriza por usar letras más altas que anchas, claros cortes en los trazos verticales (especialmente visibles en las letras i, m, n, u), óvalos afectados, a de copete, g cerrada por la parte inferior, s y f largas (aunque no descienden de la caja de escritura) m, n con las patitas vueltas a la derecha” Canelas (1985, p. 52). 

Cabe mencionar, que este tipo textual a su vez está conformado por tres subtipos (formado, textual, y corriente)

  • “El gótico formado también llamable caligráfico o redondo, se tipifica por su grosor, energía y regularidad geométrica, es de trazado muy espacioso y suele usar pocas abreviaturas […], el tipo textual semeja la escritura usada en los privilegios rodados castellanos […], y el tipo corriente se emplea en ambientes universitarios y por intelectuales para sus anotaciones” Canelas (1985, p. 52).
  • El segundo tipo llamado góticas notulares se caracteriza por ser “abundosas en abreviaturas” Canelas (1985, p . 52)
  • Las góticas cursivas también están conformadas por diferentes subtipos como el “librario, muy sencillo que une las letras por rasgos sutiles […]. el formado, que contrasta los gruesos y perfiles y tiende a aguzar los rasgueos e introduce modalidades fusiformes de la f y s larga […], el corriente heredero del tipo nodular, muy abundoso en sus lazos […], el castellano, cortesano muy típico y de amplias cedillas” Canelas (1985: 52), entre otros.

A su vez las góticas hibridas “definidas por el empleo de la a carente de capelo, g abierta y f, s larga sin lazos ni dobles a izquierda con fugas bajo la caja de escritura” Canelas (1985, p. 52), son utilizadas en manuscritos literarios y de igual forma que los tipos anteriores están conformadas por tres subtipos: 

“el librario propio de ediciones manuscritas cuidadas y muy frecuentemente en nuestros textos romances, definible por su esbelta estrechez y la ausencia de remates en sus astiles […], el corriente, menos esbelto, más ancho que tiende a redondear sus trazos […], y el formado que ofrece muy buenos ejemplos caligráficos de trazado grueso y excelente reparto del texto en el área de la página” Canelas (1985, p .53).

Por otro lado, los tipos humanísticos que generalmente se pueden observar en manuscritos literarios hispanos están constituidos por cuatro modalidades:

“tipo formado, muy semejante a las grafías de la época carolingia, aunque con los obligados resabios góticos que lo diferencian (la i con punto diacrítico, a uncial recta, d recta, remates de p y q en las fugas, altura desmesurada de la f, distinción de los fonemas u, v, etc.) […], el tipo cursivo, muy claro, regular con pocos nexos, y ductus inclinado a la derecha, de ulterior éxito en tipos itálicos actuales de la imprenta […], el tipo corriente de trazado rápido y muy sensible a influencia extrañas de góticas cortesanas y cursivas italianas […] y el tipo caballeresco, que simplifica la grafía gótica y se llena de elementos decorativos” Canelas (1985, p. 53).

Es necesario hacer énfasis en la importancia de la transcripción paleográfica para la crítica textual y concretamente la primer fase de la edición crítica (recensio) pues por medio de ésta el editor tiene un acercamiento directo a las diversas características del manuscrito que van desde el tipo de letra como ya se ejemplifico anteriormente hasta las diferentes maneras de encuadernación, foliación, soporte propias de la época que enriquecen su trabajo de campo preliminar y son primordiales en la recuperación y reconstrucción de los aspectos socio históricos que constituyen al manuscrito estudiado para el desarrollo del trabajo crítico de la emendatio y así la reconstrucción del arquetipo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • BLECUA, Alberto (1983) Manual de Critica Textual. Castalia, Madrid.
  • BNE, Biblioteca digital hispánica, « www.bne.es »
  • CANELAS, Ángel (1985) “Paleografía y bibliología”, en Métodos de estudio de la obra literaria (José́ Ma. Diez Borque coord.). Tauros, Madrid, pp. 19-66.
  • GUZMÁN GUERRA, Antonio (1980) “La crítica textual como disciplina filológica” en Revista de Bachillerato 6, 1980, pp. 41-45.
  • MOROCHO GAYO, Gaspar (1979-1986) Estudios de Crítica Textual. Universidad de Murcia, 2003.
  • Red CHARTA, Criterios de edición de documentos hispánicos (Orígenes siglo XIX), 2011-2013, « www.charta.es »

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